Las balanzas del poder

Hace tres días fui a la tienda de autoservicio donde generalmente compro algunas de las cosas de mi súper semanal, incluyendo mis botellas de agua, y algunas cosas de preparación rápida que me gustan, especialmente en momentos cuando muero de hambre y no hay tiempo para prepararme nada, algo que pasa muy seguido.

Después de haber adquirido mis productos favoritos y al haber visto muchas de las etiquetas para botellas de agua, me di cuenta de que todos los preciosos habían subido substancialmente, aunque algunos de ellos eran mexicanos.

Este tipo de fenómenos de inflación se han convertido en algo muy común en nuestro país, donde el grueso de la población sufre las peores consecuencias.

Aunque este es un fenómeno injusto para todos los mexicanos, nosotros mismos tenemos una gran parte de la culpa de que esto siga sucediendo, ya que al final del día está en manos del consumidor qué consumir.

En México y en muchas partes del mundo sucede el fenómeno de la inflación, debido a que los dirigentes de grandes corporaciones saben que sus productos son casi esenciales para los consumidores de aquel país y porque las normas de control de precios son inexistentes.

A su vez, esto sucede porque existen muy pocos proveedores y muchos consumidores haciendo que naturalmente sean los proveedores quienes retengan todo el control, lo que a su vez causa que haya tanta desigualdad en el  país.

Sin embargo, todo esto cambiaría si los consumidores les diéramos la espalda a los proveedores mayores, olvidando las marcas y consumiendo productos locales de pequeño o mediano tamaño.

Lo mismo sucede en el tema de los patéticos sueldos que se le paga a la mayoría de los mexicanos, haciéndoles trabajar como máquinas industriales por fracciones de tiempo inhumanas, otorgando además prestaciones mínimas, mientras una cantidad muy reducida se enriquece desenfrenadamente.

Esto sucede por la misma razón que la inflación en los precios, por la simple razón de que existen pocos patrones y millones de millones de trabajadores.

Este fenómeno hace a los trabajadores insignificantes y fácilmente reemplazables, ya que hay mucho de dónde escoger, consecuentemente dándoles enorme poder a los patrones.

Sin embargo, todo sería muy distinto si los trabajadores se unieran para exigir condiciones más justas para las mayorías y de este modo incrementar el nivel de vida de México en general.

El gran problema en países como el nuestro es que la mayoría de las personas, desde el presidente de la república hasta el pepenador somos altamente corruptibles, algo que entorpece el flujo de vida en el país.

A su vez, los trabajadores en muchos lugares, sobre todo en Latinoamérica padecen de niveles de pereza enormes, por lo que a nadie se le puede santificar o satanizar de  una manera absoluta.

Lo que si es un hecho es que en México no trabajamos de manera coordinada y vivimos en una sociedad completamente individualista.