Visita interesante

El sábado pasado, fui  a casa de una amiga de mi esposa, una amiga que resultó ser la esposa del cónsul Corea en México, algo de lo que yo no tenía ni idea y al parecer mi esposa tampoco, debido a que por lo que veo nunca habían hablado de sus esposos, algo que no estoy seguro si es bueno o malo.

Al llegar a la casa de aquel cónsul, inmediatamente uno podría sentir que habíamos abandonado México en algún túnel del tiempo y entrado al lejano oriente en tan solo un instante, ya que desde el comienzo pudimos ver que toda la servidumbre y el personal de trabajo eran coreanos.

Debido a que llegamos 30 minutos antes, fuimos escoltados a una pequeña habitación que se encontraba al lado de la sala principal.

La pequeña antesala era un cuarto bastante peculiar en todos los aspectos.

Los techos eran bajos y de estilo oriental, como aquellos que podemos encontrar en los palacios chinos; sin embargo, lo más interesante del asunto era la distribución de la pequeña habitación.

Tras abrir las puertas, también de estilo oriental, uno entraba a una habitación de forma rectangular donde tres de sus cuatro lados estaban cubiertos de agua, aproximadamente de medio metro de profundidad, proveniente de un lago artificial proveniente del exterior de la casa que ocupaba toda la zona norte del jardín.

En esta pequeña habitación uno no se sentaba en ningún tipo de muebles ni sofás modernos como los que había en la sala principal (también de estilo oriental), sino que debíamos sentarnos en el piso, ya sea en posición de flor de loto o sentados sobre nuestras piernas, sobre un pequeño colchón blanco y de tela de lino para cada uno de los cuatro individuos que ahí cabían.

Lo más interesante de aquel lugar, o más bien, de aquella habitación, eran los peces que frecuentemente nadaban a nuestros alrededores, en un agua que parecía ser negra debido a su obscuro fondo.

Esto causaba un efecto peculiar, ya que por alguna razón estimulaba la concentración de una manera impresionante, tan sólo unos minutos después de habernos sentado.

Naturalmente, en aquel momento no sabía el porqué de este extraño efecto de concentración; sin embargo, la amiga de mi esposa y mujer del cónsul coreano me explicó la razón de este fenómeno y cómo es que funciona.

Resulta ser que el sonido de la fuente hace que la mente entre en un estado alfa tras unos momentos de silencio, causando un efecto similar al famoso “Hmmmmm” de los monjes tibetanos.

El efecto es que las personas entren profundamente en la conversación que se sostenga por horas y horas; también permite hacer sesiones de meditación, donde es necesario obtener concentración absoluta para nivelar todas las funciones del cuerpo, de la mente y del espíritu.

Fue una visita muy interesante.