Trabajar en una papelería

Cuando vi la forma y los colores del pvc espumado los asocié con la textura de los foamis y sin querer me acordé de cuando trabajé en una papelería que se encontraba cerca de mi casa.

Yo estudiaba  la universidad en ese entonces y como tenía muchos gastos extra curriculares decidí buscar mi primer empleo para poder solventar mi consumo excesivo y caro, ejem: libros, videojuegos y discos.

En esta papelería trabajaban dos señores ya grandes: hermano y hermana por lo que la ayuda les venía de perlas. Era una tienda muy grande y tenía muchísimas cosas, además de servicio de regalos, envolturas y surtido de listas escolares. Tenían lo básico: cuadernos, tijeras, plumas, reglas, gomas, papel de diferentes tipos y colores, engrapadoras, etc pero además brindábamos servicio de copias, enmicado, engargolado, envoltura de cuadernos y libros, de regalos y hasta de Melate.

Estuve un año de corrido y dos años saliendo y regresando porque tenía que hacer mi servicio social.

Al principio era un trabajo aburrido y súper pesado, pero con el tiempo me acostumbré y los tiempos muertos los aprovechaba para leer o escribir un rato; además había momentos de risa, o de enojo, ya que los clientes que asistían hacían muchas locuras o preguntaban por tonterías. Les contaré algunas de mis anécdotas.

La que más recuerdo y la que me provoca risa siempre que la cuento es cuando una señora llegó a preguntarme si tenía una biografía del calcetín ¡Del calcetín! ¡Así como lo leen! Una noche que estábamos a reventar llegó muy apresurada pidiendo que le diéramos algo que hablara del calcetín, una biografía o una imagen. No me reí en ese momento porque por las prisas no había captado el chiste pero cuando se fue y todo estuvo más tranquilo, le dije a la hija de la dueña ¡Bueno, en ese caso le hubiera podido dar una biografía de Calcetín con RombosMan! Las risas siguen resonando cada vez que relato esta anécdota a mis conocidos o a ustedes, lectores. Creo que eso fue lo más gracioso que me pasó, pero muchas personas pedían biografías o monografías de cosas absurdas.

Lo que hacía mucho era, si me pedían un Pritt o un Resistol, se los daba sin chistar, pero luego me decían que querían de los más baratos, de otra marca vaya, y les alegaba que esos no eran Pritt, que esa era la marca. Sólo lo hacía por molestar claro, porque yo varias veces he pedido Pritt pensando en otra marca más barata.

Pero lo que sí podía sacarme de quicio era cuando llegaban y me pedían una cartulina azul cielo cuando está un poco nublado a las cuatro de la tarde, o una cartulina negra pero más clara, como tipo gris pero que siga siendo negro. ¡Juro que quería aventarles los cutters! Nunca se ponían de acuerdo y aunque teníamos una gama de colores, nunca estaban conformes con el papel que se les daba, era como si quisieran que el color exacto de su cabeza se materializara en a cartulina.

A pesar de que no me gustaba trabajar ahí aprendí mucho sobre el trato con los clientes, lo que me abrió muchas puertas para trabajos posteriores. Lo que debería de hacer como escritora es ponerme a redactar la biografía del calcetín, nunca se sabe cuándo se pueda necesitar.